Terapia Breve Estratégica: cuando intentar solucionar un problema es parte del problema

Hay personas que llegan a terapia con una sensación muy concreta: “Sé lo que me pasa… pero no consigo cambiarlo”.

Han leído, han reflexionado, han hablado mucho sobre ello. Incluso han probado distintas estrategias por su cuenta. Y, sin embargo, el problema sigue ahí. A veces, incluso más fuerte. La Terapia Breve Estratégica (TBE) parte de una idea tan sencilla como contraintuitiva: muchas dificultades psicológicas no se mantienen por lo que nos ocurre, sino por lo que hacemos repetidamente para intentar resolverlas. Y es precisamente ahí donde interviene.

Mirar el problema desde el presente (no desde el origen)

A diferencia de otros enfoques que ponen el foco principal en el origen histórico del malestar, la TBE se centra en cómo el problema funciona hoy. No porque el pasado no importe, sino porque el cambio ocurre en el presente. La pregunta clave no es tanto “¿por qué empezó esto?” sino: “¿Qué está haciendo que este problema siga activo ahora mismo?” Desde esta perspectiva, se analizan los patrones de interacción entre la persona y su dificultad: pensamientos, conductas, evitaciones, comprobaciones, intentos de control… todo aquello que, con buena intención, acaba alimentando el problema.

Un ejemplo clásico:

  • Cuanto más intento controlar la ansiedad, más ansiedad aparece.

  • Cuanto más evito una situación por miedo, más miedo genera.

  • Cuanto más busco certeza absoluta, más dudas surgen.

La TBE trabaja precisamente sobre estos bucles.

No es “dar consejos”: es provocar experiencias de cambio

Uno de los malentendidos más frecuentes sobre la Terapia Breve Estratégica es pensar que se trata de una terapia rápida basada en “tips” o recomendaciones superficiales. Nada más lejos de la realidad. La TBE no busca convencer a la persona de nada a nivel racional. Busca generar experiencias correctivas, vividas en primera persona, que transformen la percepción del problema. Para ello, el terapeuta propone intervenciones estratégicas, cuidadosamente diseñadas, que:

  • rompen los intentos fallidos de solución,

  • desbloquean respuestas rígidas,

  • y permiten que la persona experimente que el cambio es posible.

Estas intervenciones no son estándar ni automáticas. Son personalizadas, ajustadas al lenguaje, la lógica y la vivencia de cada persona. Por eso se habla de una terapia creativa, flexible y muy afinada clínicamente.

Breve no significa superficial

El término “breve” no se refiere a hacer menos trabajo, sino a evitar lo innecesario. La duración del proceso suele situarse entre 7 y 20 sesiones, dependiendo del problema y de la respuesta de la persona.

Esto es posible porque:

  • se trabaja con objetivos claros,

  • se prioriza el cambio efectivo frente a la mera comprensión,

  • y se evalúa continuamente si las intervenciones están funcionando.

En este sentido, la TBE es un enfoque altamente estructurado, pero no rígido; profundo, pero pragmático.

Evidencia y datos: ¿qué dice la investigación?

La Terapia Breve Estratégica cuenta con más de 30 años de desarrollo clínico e investigación, principalmente desde el Centro di Terapia Strategica (Italia), dirigido por Giorgio Nardone. Los estudios publicados por este centro muestran:

  • una eficacia media cercana al 88%,

  • con resultados especialmente elevados en problemas como:

    • trastornos de ansiedad,

    • fobias,

    • obsesiones y TOC,

    • bloqueos emocionales,

    • dependencia emocional,

    • patrones repetitivos difíciles de romper.

Más allá del número (que siempre debe leerse con cautela), lo relevante es que hablamos de un enfoque sistemáticamente evaluado, con protocolos claros y replicables.

¿Por qué la TBE forma parte del enfoque de OSMOS?

En OSMOS no creemos en una terapia única válida para todo el mundo. Creemos en personas distintas, problemas distintos y momentos vitales distintos.

La Terapia Breve Estratégica es una herramienta especialmente valiosa cuando:

  • la persona busca claridad y estructura,

  • siente que lleva tiempo “dándole vueltas” sin avanzar,

  • quiere cambios concretos en un problema bien delimitado,

  • necesita salir de un patrón que se repite una y otra vez.

No es un enfoque para todo el mundo, ni para todos los procesos. Y precisamente por eso la incluimos: porque sabemos cuándo puede ayudar y cuándo no. Nuestro compromiso no es aplicar una técnica porque sí, sino encajar el enfoque terapéutico con la persona que tenemos delante.

En definitiva: La Terapia Breve Estratégica no promete soluciones mágicas ni atajos irreales. Propone algo más honesto y, muchas veces, más transformador: interrumpir lo que no funciona para abrir espacio a nuevas formas de estar y responder.

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