El abandono del proceso terapéutico es una de las experiencias más frecuentes —y más difíciles— en la práctica clínica, especialmente al inicio profesional. En el centro partimos de una idea clara:
Que un paciente abandone no significa necesariamente que la terapia haya fallado, ni que tú hayas hecho algo mal. Los abandonos forman parte del trabajo clínico. A veces:
El momento vital no es el adecuado.
La demanda cambia.
El encuadre no encaja.
El vínculo no se consolida.
Lo que sí marca una diferencia clínica y profesional es:
Detectar señales tempranas.
Poder nombrarlas.
Sostener conversaciones difíciles a tiempo.
Esta guía no pretende evitar todos los abandonos (eso no es realista), sino ayudarte a:
Reconocerlos antes.
Entender qué puede estar pasando.
Actuar con más claridad y menos culpa.