Paquita Salas y el sueño de pertenencia
Paquita Salas entra en escena como un cuerpo extraño en un mundo que va demasiado rápido. Ella intenta hablar “internet”, ponerse al día con códigos que cambian cada semana, encajar a base de intensidad… y fracasa con una elegancia tragicómica. Nos reímos, sí. Pero también nos toca algo muy íntimo: la experiencia de intentar adecuarse a un lugar que no siempre te devuelve pertenencia.
Y ahí está la clave psicológica de por qué Paquita atrapa: porque, en un ecosistema lleno de versiones editadas, ella es un recordatorio brutal de lo que nos cuesta ser vistos sin filtros.
1) Paquita y el “yo” en tiempos de escaparate
Hoy no solo nos relacionamos: nos presentamos. En redes, en el trabajo, incluso en ciertos grupos, a veces sentimos que no basta con ser; hay que “salir bien”.
La ciencia lleva años estudiando esto desde distintos ángulos:
Cuando mostramos un “yo” más auténtico (también en redes), suele asociarse a mayor bienestar. Un estudio en Nature Communications encontró que la autenticidad en redes se relaciona con mayor bienestar (aunque, ojo, correlación no implica causalidad).
En cambio, la autopresentación falsa o “mentir para gustar” se ha vinculado con más síntomas depresivos en investigaciones sobre conducta online.
Paquita es justo lo contrario al “perfil pulido”: es torpeza visible, inseguridad sin maquillaje, necesidad sin ironía fina. Por eso desarma.
2) El mecanismo que duele: miedo al rechazo y “conductas de seguridad”
Muchas de las decisiones de Paquita (insistir, sobreactuar, forzar la simpatía, no soltar aunque la humillen) se entienden mejor si las miras como intentos desesperados de evitar lo que teme: no ser querida.
Aquí encaja un concepto muy estudiado: rejection sensitivity (sensibilidad al rechazo). Es esa tendencia a esperar el rechazo, detectarlo rápido y reaccionar fuerte ante señales ambiguas. Está asociada a dificultades en relaciones y a respuestas emocionales intensas.
Cuando alguien teme ser rechazado, tiende a desplegar “conductas de seguridad”: estrategias para intentar reducir la posibilidad de quedar mal (agradar de más, controlar la imagen, no decir lo que piensas, evitar conflicto). El problema es que alivian a corto plazo, pero a largo plazo mantienen la ansiedad social y refuerzan la idea de que “si fuera yo, no me querrían”.
Paquita, en versión comedia, es eso: un manual viviente de “si me esfuerzo muchísimo quizá encajo”.
3) Lo que realmente nos engancha: verla hacer por sí misma lo que no nos permitimos
Hay una emoción muy reconocible cuando la ves estrellarse: “Vales tu peso en oro, Paquita. Créetelo ya.”
Y esa frase suele ser una pista terapéutica: muchas veces lo que deseamos para otro es exactamente lo que nos cuesta concedernos.
¿Por qué? Porque con los demás nos sale la compasión; con nosotros, el juicio. Con el otro vemos contexto, historia, heridas. Con nosotros vemos “fallos”. Paquita activa esa compasión espontánea… y luego nos deja una pregunta incómoda: ¿qué parte de mí también está pidiendo permiso para existir sin pedir perdón?
4) “No encajo” vs “no pertenezco”: dos cosas distintas
Paquita nos mete en un tema filosófico y clínico a la vez: encajar no siempre es pertenecer.
Encajar es adaptarte a una forma preexistente.
Pertenecer es poder estar con tus bordes, sin borrarte.
Cuando intentas encajar continuamente, aparece un coste psicológico conocido: el auto-ocultamiento (self-concealment), que es esconder activamente aspectos propios que te generan vergüenza o miedo. Ese constructo se ha asociado a más ansiedad y depresión en estudios clásicos y replicados.
Paquita se pone caretas (porque nadie llega al mundo sin defensas), pero también se le ven las costuras. Y ahí está la ternura: es transparente incluso cuando intenta no serlo.
5) Cuando “no ser tú” se vuelve extremo: de la adaptación al sufrimiento
La mayoría hacemos cierta gestión de imagen. Eso es normal. El problema aparece cuando se vuelve crónico y te obliga a vivir en personaje.
Hay líneas de investigación que conectan la falsa autopresentación con miedo a la evaluación negativa y malestar psicológico. Y también trabajos que relacionan percibirse auténtico con menos síntomas de salud mental.
¿En qué puede derivar cuando se lleva al extremo?
Ansiedad social: vivir pendiente del juicio, con evitación y “performances” constantes.
Rasgos evitativos (a nivel de personalidad): retirada social sostenida por miedo a crítica o vergüenza (esto requiere evaluación clínica).
En algunos casos, camuflaje social muy intenso (por ejemplo, en personas autistas) que puede ser agotador y asociado a más estrés (también es un tema clínico delicado y no universal).
6) Entonces… ¿qué hacemos con la lección de Paquita?
Paquita no nos invita a “vivir sin filtros” de forma impulsiva. Eso también puede ser una defensa. Lo que su historia sugiere es algo más fino: hacer espacio para ser tú en dosis que tu sistema nervioso pueda tolerar.
Tres ideas prácticas:
Detecta dónde te difuminas
¿En qué contextos te haces pequeño?
¿Qué parte de ti “no conviene” mostrar?
Sustituye encajar por claridad
Trabajar la claridad del autoconcepto (saber quién eres, con coherencia interna) se ha relacionado con mejor ajuste psicológico.Practica autenticidad gradual
No es “me suelto de golpe”. Es elegir un gesto pequeño: decir una preferencia, poner un límite amable, no reírte por compromiso, pedir lo que necesitas sin justificarte 20 veces.
Paquita Salas nos conmueve porque es una comedia sobre algo muy serio: el precio de intentar merecer tu lugar.
Y quizá por eso funciona tan bien: porque al verla, algo dentro de nosotros se atreve a pensar: ¿y si no encajar del todo no fuera un fracaso, sino una forma de libertad?