Hablemos de la depresión

El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión pasa desapercibido para mucha gente. Y eso, en sí mismo, es parte del problema: la depresión puede vivirse en silencio, mientras por fuera “parece que no pasa nada”.

A veces se confunde con pereza, negatividad o falta de ganas. Pero la depresión no es un defecto de carácter: es un trastorno real, frecuente y tratable, que afecta al estado de ánimo, al cuerpo, a la motivación y a la forma de pensar.

Depresión no es “estar triste”

La tristeza forma parte de la vida. La depresión, en cambio, suele implicar una persistencia y un impacto funcional: cuesta levantarse, disfrutar, concentrarse, trabajar, cuidar vínculos o incluso asearse. La OMS describe como núcleo del episodio depresivo el estado de ánimo deprimido (tristeza, irritabilidad, vacío) y/o la pérdida de interés o placer, entre otros síntomas.

Y un dato importante: a veces no se siente “tristeza” como tal, sino:

  • anestesia emocional (“no siento nada”),

  • irritabilidad,

  • cansancio extremo,

  • y una sensación de “ir tirando” sin vida por dentro.

¿Cómo estamos en España?

En España, los datos recientes apuntan a que el malestar depresivo no es marginal. En la Encuesta de Salud de España 2023 (INE), un 14,6% de la población de 15+ años reportó síntomas depresivos en las dos semanas previas a la entrevista y un 8,0% se clasificó como depresión severa (según el indicador usado en la encuesta).

A nivel mundial, la OMS estima que millones de personas viven con depresión y la sitúa como un problema de salud pública de primera magnitud.

Señales que pueden ayudarte a identificarla

No es una lista para autodiagnosticarse, pero sí para detectar si algo requiere atención. Si durante al menos 2 semanas notas varios de estos puntos y afectan tu día a día, merece la pena pedir ayuda profesional:

  • Pérdida de interés o placer (anhedonia).

  • Estado de ánimo bajo, vacío o irritabilidad constante.

  • Cambios de sueño (insomnio o dormir mucho).

  • Fatiga intensa o sensación de “cuerpo pesado”.

  • Cambios de apetito/peso.

  • Dificultad para concentrarte, tomar decisiones o “pensar claro”.

  • Culpa excesiva, autocrítica dura, sensación de inutilidad.

  • Lentitud o agitación psicomotora (te cuesta moverte o estás inquieto).

  • Pensamientos de muerte o de “no querer estar”. (Si esto aparece, es importante actuar).

Una herramienta útil (pero no definitiva): PHQ-9

El PHQ-9 es un cuestionario breve muy usado para cribado/seguimiento de síntomas depresivos y cuenta con evidencia de validez como medida de severidad. No sustituye una evaluación clínica, pero puede ayudar a ponerle números a lo que sientes y a pedir ayuda con más claridad. Puedes encontrar su versión en castellano aquí.

“¿Y cómo sé si es depresión o que estoy quemado / estresado / de duelo?”

Buena pregunta. A veces se solapan y por eso la evaluación profesional importa: hay duelos que se complican, burnout que se convierte en depresión, problemas médicos que imitan síntomas depresivos, y también depresión “enmascarada” con quejas físicas.

La clave práctica: si el malestar no remite, se amplía o te limita, no esperes a que “se pase solo”.

Qué puedes hacer si crees que tú (o alguien cercano) está deprimido

Si te está pasando a ti

  • Pon el foco en lo mínimo sostenible, no en “volver a ser el de antes”. Cuando estamos deprimidos, “hacer poco” ya es hacer.

  • Reduce la autocrítica. No ayuda a motivarse: suele ser combustible del problema.

  • Cuida lo básico: sueño, comidas regulares, luz solar, movimiento suave. No curan por sí solos, pero sostienen el terreno.

  • Pide ayuda cuanto antes. La depresión tiende a convencerte de que no mereces ayuda o de que “no va a servir”: ese pensamiento es parte del cuadro, no una verdad.

Si le está pasando a alguien de tu entorno

Hay una frase que ayuda más de lo que parece:
“Te creo. No tienes que poder con esto a solas.”

Cosas útiles (y concretas):

  • Acompaña sin arreglar: menos consejos, más presencia.

  • Valida: “tiene sentido que te sientas así con lo que estás viviendo”.

  • Ofrece ayuda específica: “¿te acompaño a pedir cita?”, “¿hablamos 10 minutos hoy a las 19h?”, “¿te traigo comida?”.

  • Mantén el contacto incluso si responde poco. La depresión aísla.

  • No discutas con su falta de energía. No es falta de ganas: es falta de recursos.

Cosas que suelen empeorar (aunque sean bienintencionadas):

  • “Anímate”

  • “Podrías estar peor”

  • “Solo tienes que salir y distraerte”

  • “Piensa en positivo”

Tratamiento: qué suele funcionar

No hay un único camino, pero sí hay consensos clínicos: la depresión se aborda con una combinación de psicoterapia, intervenciones psicosociales y, en algunos casos, medicación (especialmente en cuadros moderados-graves o cuando hay riesgo). Las guías clínicas (como NICE) recomiendan un enfoque escalonado según severidad, preferencias y respuesta.

En terapia, suele trabajarse:

  • el ciclo de evitación y desconexión,

  • la autocrítica,

  • la rumiación,

  • el aislamiento,

  • el sentido/valores,

  • herramientas concretas para recuperar actividad y apoyo.

Y algo importante: mejorar no siempre se siente como “estar feliz” al principio. A veces es simplemente volver a ducharte, contestar un mensaje o levantarte sin esa losa.

Señales de urgencia

Si hay ideas suicidas, planificación, despedidas, consumo de riesgo o sensación de pérdida de control, es importante actuar de inmediato.

En España:

  • 024: Línea de atención a la conducta suicida (Ministerio de Sanidad).

  • 112: emergencias, si hay riesgo inminente.

La depresión no necesita un “día” para existir, y tampoco un “día” para merecer atención. Si algo de lo que has leído te resuena —por ti o por alguien cercano—, el primer paso no es hacerlo perfecto: es no hacerlo en soledad.

Si quieres, en OSMOS podemos ayudarte a valorar qué está pasando y qué tipo de apoyo encaja mejor contigo.

Anterior
Anterior

Paquita Salas y el sueño de pertenencia

Siguiente
Siguiente

La Perla: un espejo para relaciones tóxicas