Mitos y verdades de la terapia online

Hace unos años, decir “voy a terapia por videollamada” sonaba a apaño: como si fuese menos serio, menos profundo o menos “real”. Hoy, para muchísimas personas, es justo lo contrario: la forma más viable de sostener un proceso terapéutico con continuidad.

Y aun así, siguen apareciendo dudas muy razonables: ¿funciona igual? ¿se crea vínculo? ¿es confidencial? ¿no se pierde humanidad? ¿qué pasa si me emociono mucho?

Vamos mito por mito, con una mirada realista y con evidencia.

Mito 1: “Online es menos efectiva que presencial”

La verdad: en muchos problemas comunes (ansiedad, depresión, estrés, trauma), la investigación sugiere que la psicoterapia por videoconferencia puede lograr resultados comparables a la presencial, especialmente cuando el enfoque terapéutico está bien aplicado y el encaje es adecuado. Meta-análisis y revisiones han encontrado diferencias pequeñas o no significativas entre formatos en resultados clínicos.

Esto no significa que “todo da igual” o que el formato no importe. Significa algo más útil: cuando la terapia está bien indicada y bien hecha, la pantalla no la invalida.

Mito 2: “No se crea el mismo vínculo terapéutico”

La verdad: el vínculo (alianza terapéutica) no depende solo del espacio físico, sino de variables como seguridad, sintonía, objetivos compartidos y calidad de la relación. La evidencia sobre alianza en videoterapia muestra que puede ser similar a la presencial, aunque algunos estudios discuten matices (por ejemplo, en primeras sesiones o según población; en niños o personas mayores con barreras tecnológicas se hace más complicado).

En la práctica clínica, además, hay un detalle importante: para algunas personas, estar en su casa —en un entorno conocido— reduce la activación y facilita la apertura. No porque “online sea mejor”, sino porque el contexto baja defensas.

Mito 3: “Online es frío, impersonal o superficial”

La verdad: lo humano no lo da la sala, lo da el encuentro. La terapia online puede ser íntima y emocionalmente profunda, pero suele pedir algo extra: cuidar el marco.

  • Tener un lugar con cierta privacidad

  • Usar auriculares si hace falta

  • Minimizar interrupciones (móvil, notificaciones)

  • Hacer un pequeño “ritual de entrada/salida” (2 minutos antes y después)

Parece logístico, pero es psicológico: ayuda a que el cerebro entienda “ahora estoy en sesión”.

Mito 4: “Online no es seguro ni confidencial”

La verdad: puede ser confidencial y segura, pero requiere buenas prácticas claras. Las guías profesionales de telepsicología (por ejemplo, APA) insisten en evaluar idoneidad, informar de límites/riesgos, y usar procedimientos que protejan privacidad y datos.

Lo honesto aquí es esto: no existe el riesgo cero (tampoco en presencial, donde también hay límites: salas de espera, paredes, terceros, etc.). Lo importante es que el servicio online se haga con criterios profesionales: consentimiento informado, medidas de seguridad razonables y acuerdos explícitos sobre emergencias y contingencias técnicas.

Mito 5: “La terapia online es un plan B”

La verdad: para mucha gente es un plan A. Especialmente cuando hay barreras reales: horarios, conciliación, movilidad, vivir fuera, viajes frecuentes, o simplemente el coste emocional de desplazarse cuando estás mal.

Además, hay algo social que no suele nombrarse: la terapia online reduce fricción. Y reducir fricción suele aumentar adherencia (ir, sostener, no abandonar). No es magia: es diseño de hábitos aplicado al cuidado.

Entonces… ¿para quién es especialmente útil?

Suele encajar muy bien si:

  • buscas continuidad y flexibilidad,

  • te cuesta dar el paso presencial por ansiedad social, vergüenza o bloqueo,

  • vives lejos, viajas o tienes horarios complicados,

  • o necesitas terapia en tu idioma desde otro país.

Y puede no ser lo más recomendable (o requerir ajustes) si:

  • no tienes privacidad mínima donde conectarte,

  • hay dificultades tecnológicas constantes,

  • o necesitas un nivel de contención presencial por la complejidad del momento (esto se valora caso a caso).

Aquí la clave no es “online sí/no”, sino qué necesitas tú y qué condiciones hay alrededor.

Por qué lo incluimos en OSMOS

Porque no creemos en una única forma “correcta” de hacer terapia, sino en hacerla viable, rigurosa y humana para la vida real de las personas.

La terapia online:

  • no resta profesionalidad,

  • no elimina el vínculo,

  • y, bien indicada, puede ser tan efectiva como la presencial.

Y sobre todo, puede quitar una barrera enorme: la idea de que cuidarte tiene que ser difícil para ser válido.

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